Todo esto es una gran mentira
Las fotos que nos hacen llegar nuestros compañeros de e-noticies son suficientemente elocuentes; hablan por sí solas y no necesitan más explicación.
Así se está haciendo, en materia de Seguridad Vial, la mayoría de la “prevención” en Cataluña. Este es, en muchos casos, ese papel “disuasorio” de los radares, que tantas veces nos repiten y ésta es la cara real de la gestión “progresista y sostenible” que padecemos los conductores catalanes.
Y, por desgracia, tengo la certeza que en el resto de España las cosas no son mucho mejores.
Nada de una educación vial bien hecha y continuada en las escuelas.
Nada de hablar de límites de velocidad actualizados que multen menos pero mejor.
Nada de mejorar la señalización vertical y horizontal.
Nada de ponerse serios con los miles de carnets de dudosa procedencia.
Nada de escalonar el acceso a los coches, igual que se ha hecho con las motos.
¿Alguien en su sano juicio puede creer de verdad que, con la que está cayendo, la Administración -siempre voraz, siempre insaciable- va a renunciar a la gallina de los huevos de oro?
En el fondo, seamos sinceros, lo que se hace con la Seguridad Vial es más de lo mismo que casi todo lo que se hace en este país.
Una gran mentira.
Todo esto es una gran mentira.
Este es un país de opereta con políticos de opereta y, me temo, votantes de opereta que en vez de correrlos a gorrazos a todos, vuelven a votarles cuando llegan las elecciones, moviendo felices su banderita, la que sea... mientras no sea la de los otros. De derechas, de izquierdas, centralistas o periféricos.Todo es lo mismo. Todo es una gran impostura en la que, a nosotros, nos corresponde pagar y callar. Claro que tampoco podríamos hacer mucho más. Que para eso tenemos el nivel educativo más bajo de Europa, ¿verdad?
Digámoslo de una puñetera vez. Vivimos en una dictablanda de lo políticamente correcto en la que nadie dice lo que de verdad piensa y apartarse de la religión oficial del buenrollismo le convierte a uno en un facha, un reaccionario y un ultramontano.
Ser progresista hace mucho tiempo que dejó de ser una visión concreta de la vida para convertirse en una actitud cosmética. Adalides de este progresismo de almanaque a los que se les llena la boca con las bondades de la escuela pública pero llevan a sus hijos a carísimas bilingües. Defensores del Estado laico que quieren poner placas a monjitas de cilicio y mortificación. Abanderados de la sostenibilidad y el reparto de la riqueza, con tres casas y coche oficial desde hace veinte años que gastan millonadas en árboles de Navidad a pedales. Orondos diputados que reclaman la guillotina revolucionaria pero, eso sí, no perdonan ni una dieta del Estado opresor. Caciquillos de sueldo hipermillonario que tienen que aceptar trajes como dádiva generosa porque, ¡pobres!, no les llega para la semana de las oportunidades del Corte Inglés. “Demócratas convencidos” que amenazan con el Apocalipsis porque el mismo sistema que les ha mantenido en la poltrona durante un cuarto de siglo, ahora les echa de ella. Y -eso sí- tanto unos como otros, a echarle la culpa de todo a la misma burbuja que les estuvo pagando la reforma del despacho, el tuneado del coche oficial y los viajes al extranjero con sus delegaciones plenipotenciarias...
Minucias.
Lo realmente importante es que el Barça ha ganado la Liga, España la Eurocopa y Florentino tiene fichado a Kaká. Y cuando eso ya no baste, no hay nada que no se solucione con una buena subvención.
Todo esto es una gran mentira.
Éste es un país libre, sí... mientras la libertad se viva exactamente como ellos dicen. Por supuesto que ha de haber leyes, normas y límites. Leyes iguales para todos, normas realizables y límites justos. No, no me hablen de Corea del Norte o de Irán. Sí, ya sé que eso sí que es el infierno... Pero es que Corea del Norte o Irán no son mis referentes de país en el que quiero vivir. Y comienzan a no serlo tampoco mi querida, a pesar de todo, España. Ni mi antaño ilustrada y cosmopolita Cataluña.
La verdad es que mis referentes... ya no sé cuales son... pongamos que cualquier sociedad culta y educada donde se cumpla la ley con transparencia y los políticos piensen más en las próximas generaciones que en las próximas elecciones. O donde, por ejemplo y para empezar, la policía no se esconda detrás de un muro para rapiñar cuatro tristes perras.
Lo dicho.
Todo esto es una gran mentira.
(Fotos cedidas por e-noticies.com)
Publicado por Gonzalo de Martorell "Director de la revista MotoViva", el 28/05/2009 a las 12:35
Danos tu opinión
Buscar...
