Aijafadrim
Soy consciente que llevo tanto tiempo escribiendo que las cosas no van bien que a veces puedo parecer un paranoico. O, peor aún, un protestón por sistema. Uno de esos "antitodo" que necesita oponerse continuamente a cualquier cosa para justificar su trabajo y que acaba paseándose por los debates televisivos asumiendo el papel de enanito gruñón.
No es verdad. Lo prometo. Me tengo por un tipo con sentido del humor... incluso algo payaso, dicen mis amigos...
Lo que ocurre es que me encantaría vivir en un país serio, donde las cosas en materia de seguridad vial se mesuraran con realismo y no únicamente a base de radares y demagogia.
Un país en el que se pudiera hablar de límites de velocidad variables, de educación vial en las escuelas desde primaria, de infraestructuras adecuadas. Con profesionales y técnicos gestionando el tráfico en base a criterios profesionales y no con políticos de segunda fila que ocupan esa posición por un simple reparto de cargos. Con una escuela que formase a los jóvenes en el esfuerzo y la responsabilidad y no en ser muy alternativos y muy guays. Y un país en el que quien la hiciera, la pagara de verdad y diera con sus huesos en la cárcel por mucho tiempo.
En un país así sería mucho más fácil conducir... y hasta vivir.
Desgraciadamente no es así; me ha tocado vivir en un país de opereta con políticos de chichinabo. Nacionales, autonómicos y municipales. Primero asegurar la poltrona. Después, hacer demagogia y, por fin, volver a asegurar la poltrona.
Los que no son directamente unos aprovechados, tienen menos sustancia que un yogur de agua. Los que no son abiertamente unos incompetentes caraduras son unos incompetentes bienintencionados... pero incompetentes al fin y al cabo. Y casi me atrevería a decir que no hago excepciones.
Seguro que a estas alturas ya pensará algún lector que soy injusto y que también yo estoy siendo demagogo. Que meterse con los políticos es lo fácil y que alguien ha de tomar las decisiones impopulares. Pero es que yo no critico las decisiones impopulares, si sirven para lo que se pretende. Al contrario, casi aplaudo cuando alguien las toma: me hacen sentir bien gobernado.
A mi lo que me repatea los higadillos son las decisiones que no sirven para nada y crean más problemas de los que pretenden solucionar.
De hecho, no se yo cuán impopular es un nuevo impuesto. Lo que sí tengo claro es que, este en concreto, es totalmente innecesario. Porque resulta que el Gobierno está estudiando la inminente aplicación de un impuesto específico para las motos, para compensar la pérdida de recaudación con la rebaja del impuesto por bajas emisiones de CO2. No es ningún secreto que esa reducción fiscal fue pensada para los coches y que las motos se les "colaron de refilón" por la pésima redacción de la ley. Que ni eso saben hacer... redactar bien...
Necesitan dinero para poder seguir derrochándolo a espuertas en generoso populismo y ahí van visto una potencial fuente de ingresos. Al fin y al cabo, ¿qué más da, verdad?, lo de putear a los motoristas siempre funciona.
Lo llamarán "respuesta a la crisis", claro que sí.
No hay nada mejor para ayudar a salir del peor bache económico en 25 años que gravar aún con más tasas el mercado. Volver a colocar un impuesto después de haberlo quitado hace menos de un año es todo un ejemplo de estabilidad y coherencia fiscal.
Realmente es para aplaudir con las orejas de satisfacción una medida tan progresista y sensata en estos momentos en los que conviene que la gente no se acerque a las tiendas, no les vaya a dar por comprar algo y reactivar el consumo.
De hecho, hace unos días el responsable de una de las fábricas de motos de nuestro país me decía que ya no han renovado casi un millar de contratos temporales y que, de seguir así la "sensatez", los empleos en el sector seguirán cayendo como moscas.
Pero ¿qué importan esos puestos de trabajo cuando de lo que se trata es de corrección política y de progresismo muy progresista de almanaque? Casi mejor... menos motos en la calle polucionando...
¡Que vayan en bici!
¡Este es un país serio!
Publicado por Gonzalo de Martorell, el 10/09/2008 a las 10:45
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