La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo
Debo estar haciéndome viejo... No, definitivamente, es seguro: ¡me hago viejo!
Lo noto en muchas cosas.
En lo esencial, que empiezo a leer con interés el spam que me llega al correo electrónico anunciando Viagra barato...
Los modos y modas de los jóvenes me parecen deleznables. Sus estéticas, ridículas y su aseo personal, manifiestamente mejorable. Seguro que las nuestras también se lo parecían a nuestros padres... pero nos lavábamos más, no íbamos enseñando los gayumbos por la calle y sabíamos decir "gracias" y "por favor".
También noto el paso del tiempo en cuestiones más frívolas. Por ejemplo, le miro más el culo a las jovencitas... aunque debo confesar que en esto no he cambiado mucho desde mis primeros arrebatos hormonales allá en el Cuaternario. Que las mujeres -eso si que no ha cambiado ni un ápice- siguen estando igual de buenas que hace 30 años...
En resumen, que vivimos acogotados por lo políticamente correcto. Lo "guay" (¿aún se puede decir "guay"?) es no llamar a las cosas por su nombre, la mediocridad se ha convertido en sinónimo de modernidad y la excelencia, en algo carca y retrógrado.
Borrachos de "buenrollismo", incapaces de respetar las ideas ajenas, nuevos ricos con nula capacidad de frustración, dejamos que nos vendan como "héroes" a quienes no son, en realidad y salvo excepciones, más que productos prefabricados sin ninguna personalidad. En política, en las artes y en el deporte. También en las carreras.
Porque, en realidad, intentaba que todo esto viniera a cuento para explicar otro de los síntomas evidentes de que la decrepitud no es que haya llamado a la puerta... es que se ha instalado en el salón es que cada vez me gustan menos las carreras de hoy.
Ya lo se... parece, de nuevo, otro capítulo más del eterno debate al que tan aficionados somos los periodistas (sobre todo cuando no hay mucho sobre qué escribir) sobre si Hailwood le ganaría a Rossi y bla, bla, bla. Puede que lo sea, tampoco digo que no.
Pero es que uno está muy mal acostumbrado, después de haber visto correr a Lawson, a Rainey, a Doohan, a Roberts, a Spencer, a Nieto, a Cadalora, a Mang, a Schwantz, a Gardner, a Mamola...
Por supuesto que en todas las épocas los pilotos han intentado siempre ir lo más deprisa posible que han sabido y podido. Por supuesto que siempre han querido ganar a sus rivales. También ahora.
Solamente que antes ya no ganar, incluso sólo mantenerse, costaba más.
Lo siento pero nadie jamás podrá convencerme de que ir deprisa con una RCV 212 o con una M-1 es tan difícil como hacerlo con una NSR 500, una YZR o una Suzuki de chasis de alambre. Y nadie jamás podrá convencerme tampoco de que enfrentarse a Lawson, a Cadalora o a Gardner es lo mismo que hacerlo a Hayden, a Dovizioso o a Stoner.
Los tiempos cambian, ya hemos quedado en eso. Y también en que la mayoría dirán que a mejor. Yo no estoy tan seguro. Al final, resultará que hemos hecho con las carreras lo mismo que en otros órdenes de la vida: primar la mediocridad. En la escuela hemos eliminado el concepto "esfuerzo". Lo que "mola" (¿también se puede decir "mola"?) es ser muy alternativo y muy antisistema. Fabricar dóciles votantes sin criterio. Todos iguales. Zoquetes. Pero iguales. Maleducados. Pero iguales. Manipulables. Pero iguales.
En las carreras, la mediocridad ha llegado a través de la uniformidad.
Los pilotos con ideas propias son más difíciles de meter en vereda, ¿verdad? y gustan menos a los patrocinadores. Por eso, en el Mundial, también todos iguales, todos políticamente correctos, todos clónicos de si mismos, todos con la ropa interior impecablemente limpia, todos sanos y asexuados, interesados por el medio ambiente, la ecología, la capa de ozono y las ballenas. Mitad monjes, mitad soldados, mitad pilotos, mitad boy-scouts y mitad hombres anuncio.
Lo malo de los boy-scouts es que nadie se acuerda de ellos... aunque vayan en moto a 300 por hora. Seamos sinceros: ya nadie se acuerda de Hayden (si... ese chaval puesto ahí para vender motos en los USA, que fue Campeón del Mundo hace dos años, si, ese...) como nadie se acordará de Stoner cuando deje de ganar... y puede que tampoco de Pedrosa, tan perfecto al manillar... como absolutamente incapaz de transmitir la menor empatía. Por eso Jorge Lorenzo ha trabajado a fondo para convertirse en un "Bad Boy" y comerse mediáticamente con patatas a Dani. Y lo está logrando pero, seamos sinceros de nuevo, hay algo de sobreactuado en el mallorquín, más allá de su talento incuestionable como piloto.
Todo es plano en este Mundial "chupiguay". Hasta las rivalidades. Nada de palabrotas... lo justo para dar picante al espectáculo y vender periódicos.
No es verdad que la historia del deporte recuerde palmareses.
La historia del deporte recuerda carismas. Genios. Personalidades.
Por eso, me pregunto qué pilotos de hoy lograrán inscribir su nombre en ella.
Y no se me ocurren muchos, la verdad.
Debe ser cosa de la edad.
Voy a prepararme un caldito de pollo...
Publicado por Gonzalo de Martorell, el 28/04/2008 a las 20:07
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