A río popular, ganancia de caraduras...
Tampoco es culpa de los profesionales honestos del género, que por supuesto son mayoría y que tienen en esta lacra su peor enemigo. Son perfectamente conscientes que a quien le toma el pelo un falso preparador no podemos reprocharle que después los mire a todos con precaución.
Pero lo cierto es que los aprovechados existen. A la redacción han llegado ya un puñado de testimonios de gente que confió sus sueños a unos estafadores... y sueños, dinero y moto se esfumaron.
En algunos casos, desgraciadamente, para engatusar a sus víctimas estos caraduras incluso se ampararon en el prestigio de haber aparecido en las páginas de los medios especializados.
En algunos casos estamos ante estafadores puros y duros que actúan con premeditación y alevosía.
En otros, con gente que en un principio no tenía intención de engañar pero se ha visto superada por su incapacidad para asumir los compromisos que había adquirido.
En cualquier caso, obviamente, estamos hablando de delincuentes.
Y también conviene insistir en algo que, pese a resultar innecesario por obvio, no tengo inconveniente en repetir: la inmensísima mayoría de gente del sector preparador y customizador es honesta. Que nadie tome estas líneas, por tanto, como un pretexto para la desconfianza. Esa inmensa mayoría de preparadores honrados lo único que quieren es hacer bien su trabajo, dar forma al sueño del cliente y que éste quede satisfecho y feliz, en la esperanza que después le mandará otro... y este otro a otro más...
Hecha esta salvedad, tampoco hay que ocultar que urge ser cauto. Como norma general yo diría que se puede confiar en todos los preparadores de prestigio y trayectoria reconocidas. Tampoco significa esto que haya que acudir a los preparadores recién llegados con precaución. Por supuesto que no. En uno y otro caso los verdaderos profesionales comprenderán perfectamente la situación y, en su modo de trabajar, ya ofrecerán garantías incluso antes de que uno se las plantee.
En aquellos otros casos, aquellos en los que tenemos la impresión que alguien está jugando con nuestro dinero y no hemos caído en buenas manos no hay más remedio que el control continuado y en persona del trabajo encargado. Y, al menor atisbo de duda, cargar en un remolque lo que se tenga y salir de allí salvando los muebles...
Y ni siquiera eso es infalible.
Los expertos en combatir la picaresca aconsejan no entregar nunca grandes cantidades de dinero de una vez sino pocas cantidades en varias veces. Es lógico y razonable que un preparador necesite una provisión de fondos para empezar a trabajar. También lo es que nosotros fiscalicemos nuestro dinero. A un estafador le resulta más tentador echar el cierre y largarse con 60.000 euros en el bolsillo que con 6.000. O sea, que seis entregas de 10.000 euros son más seguras que una de 60.000... aunque eso nos obligue a acudir seis veces al taller a pagar. Claro que eso nos permite, también, ir controlando la evolución del trabajo y comprobar que ese dinero se gasta en lo que se nos ha dicho. Los buenos profesionales prefieren incluso trabajar así ya que eso les facilita un contacto más directo con el cliente.
Entregar mucho dinero de entrada y decir "ya me pasaré en seis meses" es la mejor manera de actuar de imán para aprovechados...
Publicado por Gonzalo de Martorell "Director de la revista MotoViva", el 04/11/2008 a las 12:22
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