El difícil arte de criticar... o no
Hay varios reproches que los que nos dedicamos a esto de escribir de motos estamos más o menos acostumbrados a escuchar asiduamente. El que más, sin duda, que somos tibios en las críticas de los modelos porque estamos al servicio de las marcas y su publicidad. Centenares de opiniones y comentarios en este sentido se pueden leer en los foros de internet. Sobre MotoViva y sobre cualquier otra revista de motos.
Yo ya me he hartado de decir que hace 15 años que me dedico a esto y jamás he recibido ningún tipo de presión de una marca para que hable bien de sus motos. Ni tampoco amenaza ninguna con cerrar el grifo de la publicidad cuando no lo he hecho.
Si las hubiera recibido lo diría sin problemas.
Pero es que no ha sido así.
A ver... las marcas de motos las dirigen profesionales serios que intentan hacer bien su trabajo. Como tales, aceptan y asumen las críticas argumentadas y razonables. Esto es una industria, no un colegio del rollo"como hablas mal de mis motos no te "ajunto" y no te doy mi dinero".
Afortunadamente las cosas son mucho más serias y no funcionan así.
Por supuesto que cuando se producen esas críticas los responsables de comunicación llaman a las redacciones y piden explicaciones. Como cualquier profesional que se toma en serio su labor. Como haríamos cualquiera de nosotros con un mínimo de pundonor si alguien criticara desde los medios nuestro trabajo.
Pero jamás se traspasan los límites de la profesionalidad. Las marcas y las revistas no somos rivales. Vamos en el mismo barco. Ellas nos necesitan para llegar hasta los usuarios y nosotros, por supuesto, les necesitamos para seguir adelante. Y esto, que es tan obvio, a veces parece olvidarse...
Y después hay un ejercicio de responsabilidad personal. No me importa incluso reconocer que corporativista. No sería justo que una crítica desmesurada a un defecto menor que la marca puede resolver en semanas -por supuesto siempre que no implique falta de seguridad, que eso es sagrado- pudiera echar por tierra el trabajo y la inversión enorme, impresionante que es poner una moto nueva en la calle.
Y después están los lectores. Soberanos, dueños y señores de nuestro trabajo final.
Partamos de la base de que la moto tiene un maravilloso problema: apasiona hasta el tuétano. Nadie se enfada si lee en una revista que su freidora es un desastre respecto a la de la competencia. O que la nevera de la marca que tiene en su casa se ha quedado anticuada y ya no enfría tanto como la del vecino.
Pero la moto... ¡ah, la moto! La moto es algo casi personal. Si un probador tiene la osadía de cuestionar alguna virtud de "nuestra" moto... ese probador se convierte inmediatamente en un botarate que no tiene ni puñetera idea de motos.
Puede darse el caso -y de hecho pasa con mucha frecuencia- que ese mismo probador, meses después, ponga bien la moto que antes dejó mal. No hay ninguna mano negra de las marcas en esa aparente contradicción; simplemente los criterios de análisis son otros. Y ese mismo lector antes indignado, que consideraba al probador un idiota integral, ahora encuentra su opinión de lo más acertado.
¡No podía ser de otra manera hablando de "su" moto!
Recuerdo intercambios dialécticos realmente intensos con lectores que se tomaban como una afrenta personal que tal o cual probador hubiera puesto mal su máquina. Por supuesto que el periodista puede no estar acertado en alguna apreciación pero no olvidemos tampoco que se mueve en un terreno muy resbaladizo: el de la subjetividad.
Y esa subjetividad, que es mala compañera en cualquier tipo de periodismo, resulta inevitable en este al que nos dedicamos. Porque se trata de transmitir sensaciones. Y eso no se puede hacer con objetividad.
Que un motor tiene 16 válvulas "es" un hecho objetivo. Que para un probador resulte más o menos divertido en una carretera de montaña sólo depende de su criterio, de su manera de conducir... e incluso de su estado de ánimo ese día. Como dijo no se quién... "si yo fuera un objeto, sería objetivo. Pero como soy un sujeto, soy subjetivo".
Publicado por Gonzalo de Martorell, el 30/01/2008 a las 12:34
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