Lo razonable y lo legal
Déjenme que vuelva sobre un tema manido y recurrente pero no por ello menos sangrante. Y permítanme que lo haga a partir de una experiencia personal.
Hace un par de semanas estrené quad y, como cualquiera de nosotros cuando estrenamos "juguete", me faltó tiempo para ponerme las botas y el casco y lanzarme por las pistas de mi querido Penedés a estrenarlo.
Debo confesar que ya imaginaba lo que me iba a pasar. Tampoco hacía falta ser Nostradamus. Sabía que los "Mossos d' Esquadra" andaban a la caza y captura y que endureros, trialeros y quadtreros estaban cayendo como moscas...
(Y donde digo "Mossos" pongan, amables lectores de fuera de Cataluña, "Forestales" o "Guardia Civil" o cualquier otro esforzado cuerpo al que se haya encargado la labor de defender el campo de vándalos motorizados. Que la cosa va igual de mal para todas las comunidades autónomas...).
Prometo que busqué y rebusqué pero no encontré apenas pistas donde -por anchura mínima- pudiera usar "legalmente" y con seguridad mi flamante vehículo. Algunas había, sí... pero estaban repletas de coches 4x4, excursionistas, ciclistas, niños corriendo, perros sueltos y tractores. Vamos, que circular en quad por ahí era un suicidio y ponía en peligro mi integridad y la del resto de usuarios de esa ya "vía pública". La única alternativa segura y razonable -y lamento tener que añadir también "ilegal"- era, por supuesto, perderme por las pistas más alejadas.
Circulaba a un ritmo absolutamente tranquilo y de paseo. ¿He dicho que estrenaba quad? Debo ser más preciso: estrenaba un ATV que, precisamente, escogí para disfrutar de paseos relajados... que para quemar adrenalina ya tengo otras maneras y uno empieza a tener una edad. Nada de derrapajes, ruido y todo ese imaginario destrozabosques que les gusta imaginar a los ecologistas de despacho. De verdad.
Algo más de tres cuartos de hora tardé en encontrarme con un trialero que intentaba practicar su deporte en un margen rocoso, alejado de excursionistas y ciclistas. Estábamos en una pista apartadísima, de esas a las que no llegas ni por casualidad si no eres lugareño -yo no lo soy, pero tengo buenos amigos que sí lo son y un buen GPS- y mostrando un escrupuloso respeto por el entorno. Un entorno, debo decirlo, al que de cara al verano no vendría nada mal un desbrozado. Quizás alguno de estos ecologistas tan preocupados por impedirnos acceder al bosque con nuestras máquinas ruidosas que alteran la plácida vida de las liebres se presentará voluntario para hacerlo. Por supuesto de un modo altruista...
Imagino que al amigo trialero se le puso el culete prieto al oir mi motor, imaginando ya al largo brazo de la ley jorobándole la salida dominguera. Nos miramos con alivio y complicidad. 5 minutos más tarde estábamos charlando y compartiendo bebida isotónica. Era un vecino del pueblo. De familia de "payeses". De los que llevan generaciones ganándose la vida con las viñas. Un tipo que había crecido en ese bosque y lo quería y sentía más de lo que cualquier ecologista de opereta podrá quererlo y sentirlo jamás. "Esto cada vez se pone más difícil"-se lamentó en un catalán cerrado-. "Llevo más de 20 años haciendo trial pero van a lograr que lo deje. Ya no puedo más. Cada fin de semana es lo mismo. Lo que más rabia me da es que este verano pasado, cuando entraron a robar en mi casa, los Mossos ni siquiera se presentaron cuando les llamé. Pero para venir a multarme por hacer trial en un margen, para eso si están...".
De regreso a casa, muy a lo lejos y desde lo alto, ya vi la hilera de motos y quads esperando en fila a ser convenientemente "retratados" junto a un cruce de caminos.
Mi nuevo amigo el trialero estaba entre ellos. Apagué el motor, esperé que terminaran de multar y los Mossos -arrogantes sobre sus trail- se marcharan con la satisfacción del deber cumplido. Me quedaba el consuelo de saber que si son tan diligentes en todo, este verano no habrá robos en las casas.
Seguro.
Publicado por Gonzalo de Martorell, el 14/05/2007 a las 12:30
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